Tiempo

Al hallarte andante te conviertes tiempo y mi conciencia palpitante absorbida por los
sonidos sordos de las agujas que se ensanchan en mi cuerpo vuelven a la lúgubre tumba que ondea a los pensamientos. Meditabundo y casi desquebrajado corazón el mío que ha de centrarse en los recónditos agujeros de luz opaca que se olvidan en pares de minutos y que regresan como el haz de luz que adorna la mañana.

A saber que ciencia se oculta tras las mentes jocosas y absorbidas en el tiempo,
permaneciendo inmóviles con sus facetas permanentes. Y observo que las ciudades andantes no son más que hechos fortuitos que se desgarran cuando avanzan hacia adelante o hacía atrás…

Últimamente no hay diferencia hacía donde quieras avanzar.

Y hierven los sentidos a las campanas tocar, sonidos ahuyentadores de pesares que distraen los objetos turbios que concentras en el mirar, acuosos y distraídos los ojos que andan sin mirar, viajando a través de las señales de algún lugar.
Precipitado el tiempo es, inerte y equilibrado, esboza alegría y pesares, repartiendo a su antojo los dones que hemos de cargar, me hace pensar que algo ha de tramar. Y vacila, persigue y asfixia.

El tiempo es una vaga creencia que se materializa a los deseos mortales quienes esclavos del momento sufren frustraciones al calcular lo incalculable de sus vidas miserables.
A batallar al tiempo quien en su regazo no ha de preocuparse por los muertos, los vivos y los hechos de las cosas perdidas.

El morador observa desde la cúspide clareada de un lugar invisible, postrado sobre capas de anhelos y frustraciones, y derriba todo cuanto hay, cuanto desea, y cuanto se vive. Solo es una ilusión. Una ilusión que te lleva hasta los límites de lo impensable acabando con las energías y las fuerzas que se sujetan en su lecho, y agonizas a sus pies rogando por volver a todo aquello que se desperdició en el pasado. Ya no hay nada, no existe la tan ansiada paz. Si adormilado encuentras el camino, al despertar no lo hallarás en los recuerdos.

Incomprensibles las comparaciones ajustadas a la realidad que tan distinta es
que ya la mente olvida, buscas sin hallar lo que has creído que existe, no hay retorno. Y entonces te desintegras en partículas dolientes que se marcan en tus hondas pupilas, pero sonríes con la gratificación de quien gana un premio, y dudas pero aquello no te impide reunirte con aquellos apremiantes brazos que lacerados lanzan sus hilos
que vuelven al inicio de un tiempo en completa estadía.

El tiempo resurge a los olvidados, a los nobles, y a los intrusos, y vuelven a las épocas ya consumadas, finitas e inamovibles convirtiéndose en tormentosos sueño de augurios perdidos que se tibian con la noche y se apagan con los días. Hablando de tiempo y espacio… ¿Quién habría de escaparse de las manos quejumbrosas que atrapan silenciosamente aquellos recuerdos enviados al oscuro mundo de las cosas sin retorno? ¿Quién? ¿Quién osaría destruir la conexión vacilante cuando el delicado aroma atrae los recuerdos a una morada nueva, distinta y crecida? ¿A dónde va todo aquello que aprendes con el recorrido si en un instintivo encuentro tambaleas y ya no sueñas?

G. Suárez

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