Segunda carta a Aurora

Querida Aurora,

Debo admitir sentirme altamente sorprendido por la forma tan directa de hacerme esa propuesta, y quizá sea esa la razón de mi tardanza al responderle, pues si bien lo notará no es muy común en estos tiempos que una dama sea lo suficientemente valiente para atreverse a dejar el futuro en el telar de los instintos. Jamás pensé que bajo esa fachada de niña buena se encontrará una fiera con sus decisiones firmemente sujetadas sobre los hombros.

Por supuesto, para mí será un placer adornarle los ojos con lo mejor de mí oculto pensamiento, será toda una aventura contarle los adornos que posee su rostro, encontrarle significado a sus lunares que saltan a la vista, desearle las buenas noches con el beso de la brisa, alejarla de la realidad consumista que se apodera que sus dedos que se enrojecen al hilar, intentaré por todo el recorrido donde usted desee acompañarme convertirme en un poderoso rugido que ahuyente al depredador que le deshoja los pétalos de la vida.

Pero andaré cuidadoso. No quisiera que mis placeres carnales le espanten y le ofendan, cuando lo único que quiero es que sienta la comodidad de los días junto a las otoñales hojas que se cuelan en su ventana mientras usted lee al señor Oscar Wilde, (magnifico personaje) que le acompaña todas las tardes para hacerla soñar. Con el tiempo espero ser lo suficientemente bueno en las letras para que sus facciones se suavicen al leerlas y le provoque suspiros con tan solo verlas.

Me he sentido un poco temeroso ante su presencia que me sigue pareciendo simplemente despampanante, pero es que no quiero ocasionar mucho interés por los lugares aledaños a su morada, por tal razón he decidido mantenerme un poco apartado.

Le digo con en el encanto del recuerdo que extraño verla, la forma en cómo se suaviza el cabello con el peine, la forma tan retraída de mirar, su fragancia engalanada en el exquisito misterio que le descubren en las emociones.

¡Vaya! Mujer, como me hace flotar a una cama de estrellas infinitas. Sin más que mis manos a la pluma, le dejo mis buenos deseos, esperando pronto y con ansias locas su respuesta de vuelta.

Sea usted la dama que sonríe cuando besa el sol…

Con cariño,

L.J Franzes.

                                                

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