Segunda respuesta a Franzes

Querido Franzes,

Empezaba a preguntarme por su ausencia. Sin embargo, comprendo su sorpresa. Ojalá pudiera entender todos los obstáculos que intervienen a mi salida. Intempestivo es el tiempo que acorrala de vez en cuando, pero la razón de mis letras hacia usted no cumple el propósito de quebrarle la pasión y las alegrías con que usted me escribe.

He estado tan ansiosa por su llegada que casi me he quebrantado con las ilusiones que solo aparecen a la puesta del sol que descansa sobre los cristales de mi ventana. Le digo con la certeza de mi alma que sus deseos son tan intensos que puedo meditar todo aquello que propone y casi puedo alcanzarlo con las manos. Es un poco triste que no se tenga la fe necesaria para acercarse a mí con esa sutileza que le caracteriza, pero no es algo que me quite el sueño.

Los monumentos de tradición que se levantan a mi morada no me impiden esclarecer que tipo de tortura ronda por cada pasillo, debo estar sometida a tanta presión pero no deseo perturbarle con aquello que no le compete y más cuando se trata de usted que se descose el alma para atraer un poco de mí debilitada atención.

Venga a mí sin miedo caballero, lústrese los zapatos y camine hasta donde yo le llame. No se apresure a intimidarse cuando ha estado en la comodidad de su habitación escribiendo por montones y arrojando pergaminos a la basura. Si quisiera podría usted ser el jardinero que deja flores en la puerta, el asistente de correos, o el joven que da su caminata mañanera. Cuando las aves se alineen será a su favor, solo a su favor. Pronto estaré contemplando la alegría con la que usted desee atravesar los campos rocosos que intervienen a nuestra posible unión, descansando sobre el sofá que acompaña mi soledad junto a la ventana por la que usted me ve y arrojando con intensidad granos para que las aves vengan y velen por usted.

Para mí ha sido grato esperarle. Con tantas historias cuento que espero que un día se encuentre lo suficientemente vacío para hacerlo interminable y deshacerme de todo aquello que enmudece con los días y aclama con llanto por las noches.

No se preocupe, no he de perder la esperanza. En realidad me encuentro tranquila porque los problemas son inevitables pero, esperar a sus volantes letras es una satisfacción que solo la tranquilidad puede otorgar.

Manténgase saludable,

Aurora.

 

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