Tercera Carta a Aurora

¡Oh Aurora!

Veo con desgano el panorama que le pintan los venideros días, donde la premisa que se aduce a su desgarbado sentimiento de soledad ha aumentado a lo ausente de mis palabras. ¿Habrá sido mi ausencia la causante de su pronto debilitar junto al ocaso que muere bajo su ventana?

No se apresure a cabalgar a los bosques de otros nombres cuyas letras se embalsaman de los misterios jamás descubiertos, por las ruinas que yacen hace miles de años y el ambiente denso y pestilente a muerte. Recoja su cuerpo enfermo y repose, no desfallezca ante las blancas sabanas que en soledad arrugan su alma.

Si entretanto para usted sería alentador el poder ver a través de la ventana a este hombre que la aclama con el poder de los santos cielos, podría estar de casualidad a la distancia que le permita observarme. Y si le hacen falta las caricias frote a sus manos los pergaminos vacíos y escríbame las historias que de allí vengo y allí pereceré. Todo ha de llegar como le llega su malestar al cuerpo y así mismo se irá.

Blanca paloma que te arrullas por las noches, besa la luna que allí he dejado el corazón,
Si al volver frágil como las hojas quebrantadas en el otoño, vuelve a tu arrullo
Y espera el buen tiempo. Cómo traída del cielo, caíste volante y agitaste el vuelo
a los pesares del encuentro. Ve paloma mía, ve a los rincones inhóspitos donde tu
ser será acogido  por los rayos tranquilizantes de una esfera inmensa que mece tus miedos
mientras la noche perdura.

P.D. Bella dama, nos vemos pronto en aquella luna.

L.J. Franzes.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s