El loco

Se posicionaba el mágico velo rojizo que tiñe las tardes de otoño cuando pasaba entre las vigas griegas que adornaban la hermosa galería. Había pasado ya bastante tiempo desde que me prometí visitarla, pero los presidios mentales evitaban que me complaciera con aquello que parece sencillo.

Apareció en el primer pasillo un cuadro modesto en tamaño pero rico en técnica que delineaba entre varios muebles, una guitarra abandonada por un inclemente músico. Entendí entonces que para él había acabado el arte, las musas lo despreciaron después de haber aprovechado cada uno de los delicados movimientos de aquellos mágicos dedos de los que nacían melodías dulces y sofisticadas. Qué triste debió sentirse la gastada guitarra al ver el rostro descompuesto de su amado músico al renunciar de ella con tan cruel gesto. Fue para mí imperdonable y tuve que avanzar en el camino.  

Luego una mariposa ocupaba un gran espacio en una pared diseñada exclusivamente para ella. Sus alas azules abiertas y brillantes como pétalos de lobelia se apoderaban de la mirada y hacían omitir cualquier trazo fuera de su fina figura. Volaba buscando el sol que esplendoroso la esperaba para adornar juntos un firmamento brillante y esperanzador. Nadie podía decir con certeza si el sol brillaría igual al compararse con tan agraciada figura. Llenos mis ojos con la magnificencia de la obra decidí hablar de ella a cualquiera que supiera algo de arte.

Una mujer cerca de una ventana miraba perdida un horizonte cortado toscamente por un marco tallado en madera. Si no se tratase de una pintura me habría acercado a ella y le preguntaría sobre la causa de su mirada distante. Seguramente su marido desalmado invadía su alma noble con agravios constantes. Nada tan insoportable como un hombre infiel y desagradecido con los detalles de su joven esposa que solo se esfuerza en complacerlo, ahora ella ve nostálgica por la ventana una vida que nunca imaginó. Supo que fueron apresuradas sus decisiones y que era tarde para una vida de armoniosa relación con el que planeaba formar una familia.

 Al final del pasillo un espejo te confrontaba, vi la incipiente barba de la figura reflejada y como sus ojos hundidos destilaban una oscuridad hueca y remota. Contemplé la figura completa y pensé que ese cuadro hablaba solo de un simple loco.

Isaac Benavides

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