Soledad

¡Ay, soledad!

Alma vagante,

ladrona de presentes,

trituradora de recuerdos.

 

Como revoloteas en la mente,

como descoses las heridas,

sueñas con los dolores vivientes

que no dejas marchitar.

 

Te acomodas tras las sonrisas de los dolientes

esperando el anochecer solitario

para alimentarte de sus tragedias y pesares,

convirtiéndolos en adorno a los lagos en tus ojos.

 

¿Quién dejó tu alma vagando?

¿Quién programó tus visitas en las noches?

¿Quién te apodo soledad?

¿Quién te hizo tan desdichada?

 

Liberas las ataduras,

provocando fulminantes infartos

en las fronteras áridas

de los lugares poblados.

 

Tierras infértiles, cuyas amargas personas

están tan acompañadas que se sienten solas,

comprometidas con las locuras irreverentes

de su actuar irracionalmente indeleble.

 

A veces eres tan propia,

tan relajante y sumisa,

tan inspiradora,

tan silenciosa y amenazante.

 

Que manera tan exquisita tiene de engañar,

te envuelves como cuerda asfixiante a los sentidos,

desatas fuerza y devuelves vida,

¡Que placer que hayas aparecido!

 

Grace Suárez R.

 

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