Tercera Respuesta a Franzes

¡Oh, dulce caballero Franzes!

Me excuso a razón de mi tardanza al responderle sus exquisitas letras de oro que allanan mi corazón de manera profunda, que es como detener el tiempo a su llegada.

He visto las lluvias correr entre el vidrio de mi apagada visión que oscurece con la tempestad que se oculta tras mi enfermizo cuerpo. Entre tanto los dolores son ajenos a usted, pero entiendo su preocupación en su última carta.

Los andares de esta morada han silenciado sus pasos para mi pasivo descansar, y no ser aturdida por el enojo o la melancolía. Los lúgubres cantares han aparcado a mis noches y han trastornado mis ánimos en la madrugada doliente.

Mi esposo, actual señor de todo lo que poseo por pasadas tradiciones, baldías en pergaminos viejos, ha estado ausente e indiferente a mis malestares, hace ya algunos meses que ha escapado de la pesadez que provoca este ambiente. La servidumbre asegura que su ausencia lleva el nombre de mi enfermedad y pronto hallazgo de la medicación.

Perdone si le invado con mi sinceridad, pero no creo nada lo que dicen. Estoy completamente segura de que sus manos acarician en este momento pieles ajenas aromatizadas en jazmines, y con los ecos de agudas voces retumbando en sus oídos. Debe placerle a ella el encanto que produce el dinero en su billetera. ¡Pobre dama infeliz!

Disculpe usted por revolver su cabeza con mi vida llena de inconvenientes, pero usted ha sido el único ser que ha entablado sentires similares a los míos y los ha comprendido de manera tan perfecta que no tengo otra forma de exorcizar los malestares que habitan en mi debilitada cabeza.

He estado ausente como las aves que callan y duermen, he detenido el vuelo al descansar y mi alcoba me ha aprisionado en sus fríos brazos. Mi cuerpo se ha vuelto niebla entre las nocturnas horas y a su pasivo esperar yo me he vuelto espera, aguardando tranquila.

Con esta tranquilidad esperaré de vuelta sus letras con la caricia suave que trae el mal tiempo, a sus manos le otorgo las bendiciones que a mi corazón le surgen en medio de los suspiros.

Adorado Franzes, sea feliz y manténgase saludable.

Con cariño,

 

Aurora.

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