Allá voy con pasos
de plomo que hallará
tras la vida recorrida.
Allá en la lejanía de
otras colinas jamás
vistas.

Lejos donde se fue
mi querida Anita,
abultada a indiferencias
muertas… Ínfimo sus
mutismos, desiertos y
quebrantados.
Donada del tiempo
cuyo telar no la avistó más.

Perpleja la interminable noche
que ha danzado
sobre mi ruin morada,
deshabitada, aislada, y
en penumbras azorada…

Quieta, tan quieta, y me
equilibra en el vacío,
tan destructivo y acogedor
que no puedo moverme.

Grace Suárez R.

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