Desearía estar en brazos de una mujer

que tenga el alma en las manos, los sueños

en los labios, y la tranquilidad puesta a disposición

de sus más profundos pensamientos.

Desearía estrecharle entre mis furtivas soledades con

la plena convicción de que a su pleno y suave tacto

sus manifestaciones divinas harían eco en mi cabeza.

En el despejado espacio que arropa nuestras intenciones,

en las ensoñaciones más inquietas y en sus santas manos

que adulan mis emociones para abstraerme a la nada evaporada

en su belleza. Y nos volveríamos intimas intrusas al cuadro de

total quietud que nos embargaría.

Herviría en sus vestiduras que proponen la desnudez palpable

a través del manto árido de su temperamento adornado

entre gestos bien habidos, y añoraría su fogoso resurgir a

mi cuerpo acomodado a su lado, inmóvil, petrificado,

mientras sueña en el silencio junto a su esbelta dama,

uniendo las energías refulgentes que flotan en la oscuridad

latente.

Y nos hallaríamos allí… sin decirnos nada y entregándonos todo.

 

Grace Suárez R.

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