Añoro cada día esos brazos,
indistintas sus sensaciones al palpar,
absorbe, tritura y consume mis sentidos,
dona y escapa furtivo de mi alma.

¡Venga! ¡Venga a mí extraño ser!
ahonde en mis penumbras,
atáñele su nombre y enaltezca este menester,
reviertan mis cansinos ánimos y eternas hambrunas.

Concédele a este lecho el fervor resplandeciente,
invierte en tus distancias el peso atraído,
vuelve complaciente,
y llévame lejos de mi cuerpo adolorido.

Quién fuera el ser que reemplazaría mis vacíos,
dónde hallaré los festejos de la oscura noche,
dónde te hayas extraño ser de mis desvaríos,
ven pronto que la noche acaba y me hallo impredecible.

Grace Suárez R.

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