Aparcado en mi abatido corazón,
inmóvil y ausente, pero preparado
a los precisos actos que cubren a estas letras
y al dulce aroma que recobra su ferviente
exaltación al fino toque de la cercanía.

Y esa comodidad al descansar
sobre sus brazos es la eterna impresión
que batalla contra el despliegue de mi alma,
mis virtudes y pasiones.

Él es el encanto,
la paz y la soledad.
Ausente es, pero si le
busco seguro que aparece.

Grace Suárez R.

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